hemos visto: Ícaro

hemos visto Ícaro, de Daniele Finzi Pasca.

y...

no sabemos qué decir

hay nomás unas
ganas grandes
de volar y de darnos
fuerza para
el próximo
intento,
el que viene
ahora siempre.


picareando con lo que digo arriba aparecerán
acá en seráclown

unos hemosvisto,

unas crónicas de experiencia en la butaca y en el aire, en la relación y en la complicidad.

están invitados a publicar sus hevisto en este espacio y ojalá lo hagan,
mandando mail al seraclown@gmail.com

contaremos algo de lo que vimos, de lo que sentimos hace poquito: febrero. 2011. teatro solís.

ahí vamos

ahí
venimos


Crónica de un domingo diferente

Aaaaaah, sí.
 
estamos un poco fuera de ritmo capaz...
 
las cosas vienen así en este blog parece. hay un tempo particular dictado desde afuera, el que recorre al impulso de este que escribe. el que hace que un tiempo libre sea tiempo seráclown.

toca el gusto sí que toca de presentar un último hemosvistoícaro. llega unos meses después de una función que todavía resuena en montevideo.

El que llega al blog es el Emi. Corto. Amigo payaso montevideano con el que compartimos caminos y que anduvo investigando también en el rumbo del teatro de la caricia, desde el Teatro Azur.

Y es un gusto tener acá está crónica y comentar en el aire un par de cositas antes de dejarlos con ella, aunque si quieren capaz que mejor vuelvan a lo que sigue después de leer el texto.... ¡a su gusto!
 
Entonces... pa mí que cuando Emi dice "no logro salir de allí o más bien de mí", traduce en esa confusión clarita, un estado de ánimo: del orden del susurro, que llega de una creación escénica que convoca, de la que parece imposible salir in·diferente. Una convocatoria que anima, que da fuerza, que ríe junto a uno y que de repente todos nos escapamos...
 
...y que al salir aparece como un movimiento que no conseguimos distinguir. que no es tan festivo, con el que no sabemos que hacer, que nos tiene en velo. un movimiento que mueve.
 
Que está por ahí revoloteando, es seguro (pero "a seguro se lo llevaron preso", dicen en Durazno)... que no termina acá también... que hay que hacerse alas y aguarda con el sol... que es difícil de explicar... porque es otra cosa.

chin chin, Emi.
 
........
 
Domingo, llego con amigos al Solís pero por desorganizado tengo que sentarme sólo en el teatro, lejos de mis conocidos. En pocos días me voy a vivir a otro país. Sale Danielle y hace el prólogo, elige luego a su partener para esa noche, una muchacha.
 
Suben y comienzan.

Desde el momento que el telón muestra la escena y comienza el juego no logro salir de allí o más bien de mí. A través de la obra y lo que va sucediendo voy pasando por distintos estados, lugares, emociones, sensaciones, recuerdos. Definitivamente logro comprender enteramente el con-mover del Teatro de la Caricia que tanto había leído y buscado.
 
Junto con los personajes y viajo por sus mundos, me pierdo en sus pensamientos y sueños que siento propios, que me tocan.

Termina.

Me siento chiquito. Quiero preguntarle, por qué.

Vuelvo de a poco a ser conciente del entorno

Me quiero ir en silencio y por donde menos me vean. Me encuentro con mis amigos. Vamos a esperarlo. Voy poco convencido. Me quiero ir.
Se movió algo, no logro distinguir.
Pasamos por un bar a comer.

Me voy. En medio de la noche me despierto y lloro un rato. Luego calma. Ganas de buscar, de seguir el vuelo, con cuidado del sol pero seguir.

Hay mucho para descubrir de esto todavía. Esto no terminó por aquí.

Podríamos volver a escribir sobre esto en seis meses a ver qué pasa.

vértigo


Sí, tengo que ponerme una letra coqueta .

 Recibo en el blog a una persona payasa inquieta, con la fragilidad saltando a la vista, desde la flor de la piel .

Viene Dipi, desde ahí nomás, Buenosaires, y nos habla sobre Ícaro y como payasa también sobre nosotros .

 y la mirada abriendo dice: bienvenida ...

···o···

 Tuve un profesor en la facultad que decía que los proyectoristas de cine tenían prohibido encender las luces de la sala cuando terminaban las proyecciones de dos películas: Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica y La Madre, de Pudovkin. No vi ninguna de las dos películas en cine, está claro, pero si alguna obra en mi vida podría acercarse a esta idea, esa obra es Icaro, de Finzi Pasca.

Cuando terminaron los aplausos y Finzi Pasca salió del escenario, me costó volver a sentir que estaba en un teatro, sentada, rodeada de gente y presenciando una obra. Quise que en ese momento la gente se callara y ya no se debatiera sobre la persona que eligió o si estaba arreglado o no. No importaba todo eso. Estabamos en presencia de la vida, y no había que hablar de nada. Yo tenia que salir del teatro y no hablar, con nadie, sobre nada. Era un momento para sentir.

También pensé que no iba a poder escribir nada sobre esto, que la experiencia de la obra era eso, una experiencia, y con eso, intransferible. Salimos del teatro y nos fuimos caminando, muchas cuadras. Podría haber estado caminando toda la noche, podría haberme vuelto a Buenos Aires caminando.

Hay algo poderoso que se produce en nosotros cuando nos ponemos de frente a los grandes enigmas. Cuando alguien formula lo que es pregunta. Y lo complejo es la caricia, que nunca llega porque si. Como soplar las heridas porque duelen. No cambia nada y a la vez cambia todo. Estamos ahi, todos mirando como dos personas vuelan sin salir del cuarto y por eso podemos decir que hemos visto Icaro. Si. No hemos visto sino sentido. En palabras del propio Danielle, nos duelen músculos que no sabíamos que teníamos. Echamos luz en las sombras, nos cuesta inaugurar sensaciones, nombrarlas, darle vida. No hay mucho más que decir sobre esto.

Si alguna vez se cruzan con la obra, síganla.

un vuelo. unas historias


el primer día salgo y no sé qué pasa. ni hablar ni abrazar ni nada. el otro día levanto vuelo. me sumerjo en la caída y disfruto. quién sabe qué pasó entre el medio. llueve adentro, claro. se abren puertas. y tengo una palabra para decirme y decirnos: fuerza

ícaro tiene muchas capas. en algunas de ellas no entro, no me abrazan. me quedo en lo primero que se me muestra y no llego al mito. es que hay tanto en lo que se comunica directamente, hacia la piel, hacia… ¿las entrañas?

estuve entre las capas de la relación del maestro Daniele Finzi Pasca con su compañero de vuelo, entre lo que se gestaba desde el escenario hacia nosotros. apreciando el gesto en conmoción, movimientos y tonos sutiles para acariciarnos, de verdad y sin vuelta. llegando siempre al límite de invitarnos sinceramente, sin empujar pero con las alas abiertas y la mirada cómplice.
fuerza y vamos

hoy leo.
estudio.
si quieren nos acompañamos así.
Le llamamos Pseudo-Apolodoro al más antiguo de los escritores que llegan a nosotros para dar palabras sobre aquel vuelo y su caída.

Más adelante un tal Hyginus nos habla, también cortito, de cómo Dédalo y su hijo escaparon del laberinto, en el número 40 de sus Fábulas.

Según parece, entre los antiguos el texto más bello y detallado sobre aquellas plumas juntándose con arte y cera nos llega de parte de Ovidio.

Con ustedes, ahora:


Dédalo e Ícaro

Dédalo entre tanto, por Creta y su largo exilio
lleno de odio, y tocado por el amor de su lugar natal,
encerrado estaba en el piélago. “Aunque tierras”, dice, “y ondas
me oponga, mas el cielo ciertamente se abre; iremos por allá.
Todo que posea, no posee el aire Minos.”
Dijo y su ánimo remite a unas ignotas artes
y la naturaleza innova. Pues pone en orden unas plumas,
por la menor empezadas, a una larga una más breve siguiendo,
de modo que en pendiente que habían crecido pienses: así la rústica fístula
un día paulatinamente surge, con sus dispares avenas.
Luego con lino las de en medio, con ceras aliga las de más abajo,
y así, compuestas en una pequeña curvatura, las dobla
para que a verdaderas aves imite. El niño Ícaro a una
estaba, e ignorando que trataban sus propios peligros,
ora con cara brillante, las que la vagarosa aura había movido,
intentaba apoderarse de esas plumas, ora la flava cera con el pulgar
mullía, y con el juego suyo la admirable obra
de su padre impedía. Después que la mano última a su empresa
impuesto se hubo, su artesano balanceó en sus gemelas alas
su propio cuerpo, y en el aura por él movida quedó suspendido.
Instruye también a su nacido y: “Por la mitad de la senda que corras,
Ícaro”, dice, “te advierto, para que no, si más abatido irás,
la onda grave tus plumas, si más elevado, el fuego las abrase.
Entre lo uno y lo otro vuela, y que no mires el Boyero
o la Ursa te mando, y la empuñada de Orión espada.
Conmigo de guía coge el camino.” Al par los preceptos del volar
le entrega y desconocidas para sus hombros le acomoda las alas.
Entre esta obra y los consejos, su mejillas se mojaron de anciano,
y sus manos paternas le temblaron. Dio unos besos al nacido suyo
que de nuevo no había de repetir, y con sus alas elevado
delante vuela y por su acompañante teme, como la pájara que desde el alto,
a su tierna prole ha empujado a los aires, del nido,
y les exhorta a seguirla e instruye en las dañinas artes.
También mueve él las suyas, y las alas de su nacido se vuelve para mirar.
A ellos alguno, mientras intenta capturar con su trémula caña unos peces,
o un pastor con su cayado, o en su esteva apoyado un arador,
los vio y quedó suspendido, y los que el éter coger podían
creyó que eran dioses. Y ya la junonia Samos
por la izquierda parte –habían sido Delos y Paros abandonadas–,
diestra Lebinto estaba, y fecunda en miel Calimna,
cuando el niño empezó a gozar de una audaz voladura
y abandonó a su guía y por el deseo de cielo arrastrado
más alto hizo su camino: del robador sol la vecindad
mulló–de las plumas sujeción– las perfumadas ceras.
Se habían deshecho esas ceras. Desnudos agita el los brazos,
y de remeros carente, no percibe auras algunas
y su boca, el paterno nombre gritando, azul
la recoge un agua que el nombre saca de él.
Mas el padre infeliz, y no ya padre: “¡Ícaro!”, dijo,
“¡Ícaro!”, dijo, “¿Dónde estás? ¿Por qué región a ti he de buscarte?
¡Ícaro!”, decía. Las plumas divisó en las ondas,
y maldijo sus propias artes, y su cuerpo en un sepulcro
encerró, también tierra por el nombre dicha del sepultado.

(trad. Ana Pérez Vega, http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/metamorfosis--0/html/)

Llega enseguida la presencia de una perdiz que aparece también en la obra de don Peter Brueghel el Viejo, devolviendo el extraño pasado del padre de Ícaro.

Hay un montón de historias cruzándonse con aquella primera, hasta Shakespeare se sumó.

Se trata de un vuelo que siendo, no pudo ser, mismo como se cantaba en Durazno en carnaval hace algunas décadas:

hay cosas que al parecer
parecen ser y no son
y hay otras cosas que son,
siendo no parecen ser.

 a elegirlas,

fuerza
de nuevo
pal vuelo

hemos visto: Pasan cosas. Cosas que pasan

No tan conocida como su faceta verídica, las críticas de cine inexistente de Julio César Castro son parte de su legado como poeta del humor excéntrico. Juceca es, arriesgo, uno de los pocos primos de los payasos en la literatura uruguaya.

La mención viene a cuento por dos lados, por el gusto de proponer una cercanía de Juceca con la sensibilidad payasa y ver si será también así para ustedes... y además porque el maestro comenzaba sus críticas de cine con las palabras "hemos visto...".

Pues bien, como ya escribí un hemos visto para Donka, del Teatro Sunil, ahora ya digo que tenemos en será clown una sección "hemos visto" (con su etiqueta y correspondiente vínculo ahí arriba a la derecha del blog), que irá comentando las payasadas que vayamos viendo. Esta sección está abierta para que ustedes manden crónicas-críticas similares.

entonces....

Hemos Visto la obra "Pasan cosas. Cosas que pasan", de Pipilas: las payasas Casandra Casanova y Ameba Kohen, así con apellido y todo, que en el mundo sin nariz roja vienen a ser Victoria Cestau y Milena Santos respectivamente. En la dirección trabajaron Eduardo Montero y Gabriel Salvetto.

viene a ser el primer formato largo de la barra que nos hemos formado con Luis Regalia (hoy conocido como el pelado Luis).

y, ¿cómo estuvo?

ah, nos divertimos... y también se revolvió la sensibilidad y la cabeza de pensadores de la escena, de estar ahí afuera, comentándola, y se agradece ese movimiento.

La obra hace honor a su nombre. En ella las cosas pasan. No hay una anécdota, al menos no en primer plano, para acompañar el recorrido. Lo primero es la llegada de Ameba siguiendo hilos rojos que la llevarán a entrar en una caja también roja. Cuando Casandra toma la escena, mantiene el ritmo de la música y el juego hasta encontrar a su compañera que, escondida, soltaba burbujas sin cesar, ni dejarse ver.

Lo que sigue es el encuentro, en una sucesión de gags de crecimiento hilados más que nada por lo que va quedando del juego anterior, aunque también por nuevas ocurrencias o problemas de las payasas. Y allí hay una fuerza y una debilidad: la valentía de proponer un juego escénico que se separa del relato pierde intensidad por la insistencia en una fórmula de crecimientos hacia el exceso. Quizás la fórmula no termina de cerrar porque además de ser muchos, los crescendos precisarían más desarrollo. Sucede que las payasas ya están activadas en una intensidad alta y el recorrido hacia su máximo del momento resulta breve. Si el punto es levantar una imagen y ser conducidos hasta verse explotar junto a ella, la cuestión puede pasar por atender a las transiciones entre gags para trabajar climas de bajada que hagan el repecho más intenso y jugoso.

Hay una belleza en la imagen de las cosas que pasan. La fineza en la realización de vestuario y momentos particulares como la tormenta eléctrica o el cambio de luces y sitio antes de la lluvia de pétalos hacen viajar al espectador desde un salto en la butaca a otro en la mirada. Y uno, como siempre, quiere más de eso.

La complicidad del dúo es el fuerte en Pipilas, lo que se anuncia entre ellas, en la obra y afuera. La pregunta que reaparece es ¿qué van a hacer ahora?. En lo que vimos ayer funcionaba más en el lugar del contrapunto que en la alianza sobre el final, pero es posible que esto no sea por la relación de dúo sino por las resoluciones del final mismo. Cada una tiene sus momentos de explosión, curiosamente desde un enojo parecido contra el mundo exterior, que se sustentan firmes sobre la relación de dúo.

Algunas elecciones sobre el final lo dejan a uno con gusto agrio a la salida. El segundo tramo de la obra va sobre el abandono, en principio Ameba siente la soledad de alguien que la deja, presumiblemente un hombre. Y luego eso va hacia la reivindicación, que Cassandra acompaña cantando tangos clásicos.

Recuerdo ahora la opinión de un colega lúcido, Diego Baffi, que viendo el "Cancionero Rojo" de Lila Monti y Darío Levín decía que la flecha de los problemas payasos apunta siempre hacia adentro y no tanto hacia lo mal que está el mundo allá afuera; esos problemas que nos rodean, se pueden ver quizás por espejo, como en Chaplin, pero no tapan la vulnerabilidad del clown.

Las Pipilas, sobre el final, toman una decisión diferente y apuntan la flecha hacia afuera. Invitan a un hombre del público a subir al escenario y juegan el destrato, como revancha del abandono quizás, pero colaborando a ese gusto agrio. Tras ese momento, el destape de vestuario, que anunciaba fragilidad, se cubre de fuerza desafiante y cuesta ver fragilidad en una salida que el público aplaude contradecido y un tanto incómodo. Vale resaltar que no hay recetas sino elecciones estéticas, pero se me cruza la idea de un género y sus límites. Lo bueno es que tras esto uno queda con preguntas:

¿será que el público debe ser tratado con respeto por los payasos?, ¿no estamos acaso para faltar el respeto a las vacas sagradas de la costumbre?, ¿desde cualquier lugar?, ¿cómo emparentar la vulnerabilidad y la actitud desafiante?

uno se pregunta por límites y lo hace agradecido de ver el trabajo de estas compañeras payasas, que ojalá siga rodando en la naciente y cada vez más activa escena local de payasos.

y así cerrando, queriendo abrir, entre límites, unas imágenes de Aristóteles, que hablaba sobre asuntos vecinos. Quizás tratamos, como los arqueros, de dar en el blanco con la mayor justeza posible, sabiendo que el asunto tiene mucho que ver con las fallas. y también, que siempre estamos en un día de viento.

*** escribí esta entrada a los pocos días de ver el estreno de la obra. releyéndola ayer, sentí las ganas de moldear aristas cortantes o incisivas de la crítica. decidí dejar el texto como estaba, agregando esta nota. la entrada habla sobre una función, en la que por suerte no todo está previsto y en la que, siendo la primera, se prueba el material. con las ganas de seguir viendo pruebas de las pipilas, otros tres asteriscos cierran ahora ***

estado de fermento

"Por inusitado que sea, este modo de publicar me parece más natural y más modesto que el libro propiamente dicho, para una parte considerable de lo que pensamos. Ya que una necesidad, hecha en parte de vanidad y en parte de sentimientos más nobles, nos obliga a escribir, reservemos la forma del libro para aquellos sistemas de ideas que acaben por tomarla espontánea y naturalmente. Para el resto, esta otra forma es la mejor: así podemos ser más verdaderos y más sinceros; evitamos menos difícilmente el peligro de forzar la afirmación y de simetrizar por la violencia, y conservamos la libertad de dudar, de ignorar, de completarnos y de corregirnos".
Un tipo polémico, un filósofo lleno de vida. Así lo empiezo a imaginar a Carlos Vaz Ferreira, ahora que me acerco a él y me alejo de un lente intelectualista con el que lo prejuzgaba.

Fermentario, así se llama una obra de este filósofo uruguayo: allí deja esos pensamientos verdaderos, sinceros, un tanto crudos, o recién salidos del horno capaz. Poner el pensamiento a fermentar, así haciéndolo letra fue uno de los proyectos de este pensador.

Suficiente introducción, vamos al punto.

Lo que he venido publicando por acá es fermento, pero también cristal. Pensamiento que pretende estar pulido. Entonces, para conservar esa libertad de la duda y la ignorancia, abrimos un espacio en ¿será clown? para el fermento de los pensamientos sobre nuestra arte. Y digo abrimos porque invito a que aparezcan los fermentos que circulen entre ustedes. Que fermenten vivendo acá.


Adeeeentroo:

Estado y Acción

Decimos, creemos, hacemos clown desde el estado. Habría una diferencia en hacer clown a partir del estado, una forma de sentir, que en hacerlo a partir del personaje (formas de caminar, hablar, reaccionar, prefijadas).

Ahora, sucede que si uno entra demasiado en estados puede ser que eso disminuya su escucha y la posibilidad de compartir algo prefijado. En concreto creo que eso me pasó actuando el fin de semana pasado. En un número que tiene sus tiempos lentos en algunas partes, hice una pasada disfrutable y en sintonía con el público, pero un tanto apurada. Creo que el apuro vino porque al actuar entré en un estado particular que me llevaba hacia allí.

Sobre esto, leo a Daniele Finzi Pasca:

El gesto del clown es un gesto en conmoción, se hace “junto a”. Tú estás enfrente de este dragón y lo invitas a danzar, y lo invitas siendo tú mismo, percibiéndote a ti. No importa saber si estás feliz o estás emocionado mientras danzas. (…) Parto de una idea guía: “nunca estar en el gesto que tú estás cumpliendo. Nunca estar donde se está”. Es un enfoque distinto a muchas otras escuelas. Creo que se tiene que estar siempre alrededor del gesto principal, no importa sentir, vivir una emoción, sino percibir continuamente el efecto que provoca. (Teatro de la Caricia: p. 39).

Sin caer en la solución perfecta o definitiva, pero dejando que la acción payasa también fermente, abro esta duda. ¿Qué pasa con el sentir? Parece que a veces hay que moderar adentro para ver afuera con más fineza. Se trata de nuestro viaje sobre el estado, de estar allí, pero no solo en lo que pasa "adentro" sino atentos, a lo que va pasando "afuera". ¿adentro y afuera? De estar afuera de uno. ¿el encuentro?

hemos visto Donka

ya pasan unas semanas desde que nos tocara adentro la campanita.
 Donka, espectáculo del Teatro Sunil dirigido por Daniele Finzi Pasca (¡cuanto link!) visitó Montevideo y dejó a la comunidad payasa con el corazón, la boca y los brazos bien abiertos.
una obra que acariciándonos, nos sacude y amplía nuestros horizontes. un diálogo que comienza y volverá al proscenio, en el que los clowns se transforman y son allí con el público. palabras que llegaron desde Teatro de la Caricia, la bella entrevista a Daniele que realizara Facundo Ponce de León y que nos acercara al mundo del Sunil desde esa forma más cotidiana del diálogo.
esta entrada en el blog quiere, como las demás, preguntarnos algo sobre el clown. sabiendo que en la pregunta hay un campo tan amplio o mayor que en la propia respuesta.
la invitación es a hacer preguntas sobre nuestra experiencia como espectadores, como aquellos que fuimos invitados a la danza, de Donka. ver en esa experiencia qué se nos mueve respecto del camino del clown.

mi pregunta viene por el lado de la cuarta pared:
 ¿cuál es el grado justo entre trabajar para hacer la representación creíble y llevar al espectador a un mundo y, por otra parte, mostrar el carácter ficticio de la representación?
una historia de la pregunta: 
 el intervalo fue muy movilizador para mí. viniendo desde donde veníamos, la caída del telón rojo me sorprendió al mismo tiempo que la agradecí por completo.
luego, durante los minutos que duró el descanso me encantó ver a una mujer, en el proscenio, haciendo su trabajo y tratando de no ser vista. ella limpiaba el hielo de la escena anterior. en un momento quise que  mirara a público y fuera, allí, una clown más; después agradecí que no lo hiciera y siguiera siendo una limpiadora del Solís, porque me dejaba reconocer la presencia del teatro, el lugar donde estábamos.
.......

recuerden preguntarse y compartir si llegaron hasta acá
ahí queda un trailer de la obra