tamoahí
ahí
girando
en el aire
entrando viene
desde espacios
entrepuertas
éxtasis y un rayo
renuncia tronando
éxitos fracasando
carnavales ensayados
puentes desde
a brazos al lado
abiertos
hemos visto: Cinco Gansas
Vamos de vuelta.
Los payasos andamos siempre volviendo...
hoy
da gusto decir que
hemos visto “Cinco
Gansas”, la obra de las payasos dirigida por Danna Liberman.
Al salir de la sala me dieron ganas de escribir, al rato agarré el cuaderno azul e hice unos apuntes. Siento que la obra me invitaba, o me provocaba capaz, a tener reacciones con alguna fuerza. Fuerza. Las payasos mostrando su fragilidad y su fuerza en el deseo de hacer una obra de clown. Como dice la payasa más alta.
Fuerza. Estas payasas vienen así, me sale decir todoterrenales. Porque se han dedicado a clownear en territorios no convencionales ya hace un buen tiempo, y muestran oficio en ello. Y también porque sostienen una poética centrada en un humor bien mundano...
mmm... a ver.
me pregunto si esta última será una buena palabra: mundano.
vengo al diccionario de la rae y dice
y creo que sí. que da justito en el clavo. en Cinco Gansas, estas payasas hacen demasía con los deseos, placeres y aspiraciones de las personas que están acompañanado la nariz roja. los llevan a más, los saturan, los maximizan, los hacen ver con fuerza. hacen eso que hacen los payasos, cambiar dimensiones, poner lupas, mostrar exagerando.
Es curioso ver que dentro de este humor terrenal y fresco en el que se sienten cómodas, las payasos se plantean trascender. Lo proponen de arranque: "Erase una vez 5 gansas que querían trascender", mostrando la tensión que dará vida y continuidad a la obra.
Las
cinco gansas que buscaban trascender.
Desde
el título, la obra ya se sitúa en un plano autorrefencial. Ya
hablan de cómo son ellas, como payasas. Toman el subrayador y
reivindican el lugar de la pavada, de la cara tonta del payaso, de la
torpeza y la ingenuidad. Parte de lo que hacen es plantar bandera
acerca de cómo lo quieren hacer. En la obra también se dejan ver momentos
del proceso de trabajo, del proceso de composición. La obra habla de
sí misma mostrando
abiertamente sobre qué ganas se cimienta.
Las
gansadas nos van llevando a través de la obra, son juegos sencillos,
de mayor o menor intensidad cómica, que organizan las apariciones
individuales donde cada una de ellas muestra cómo quiere trascender
y trata de lograrlo. “Un día escucharon a un Pavo Real hablando de
trascender en la vida”, dice el programa... Y así diciendo,
muestra una elección valiosa de la directora de articular el terreno
pavo con el real.
Las aspiraciones a trascender (querer ser: madre, cantantestrella,
amada, voladora) llegan con fuerza al público cuando vemos a
laspayasos
comprometidas en esa búsqueda de ir más allá. Y quizás la querida aspiración hacia el vuelo encuentre mayores debilidades porque no llega a afectar a la persona-payasa tanto como lo hacía con las otras tres.
La voluntad de trascendencia, que articula la obra y en cierto sentido le da un final, es uno de los puntos que más me inquietan y me dan ganas de decir. y gracias. En una de las escenas más autorreferenciales de la obra, las payasas juegan, riéndose de algunos lugares comunes y ritos de nuestra comunidad payasa: los abrazos profundisísísísimos, la proliferación de talleres de clown, la intención de ver en el clown una forma especial de poesía escénica, el ritual alrededor de la nariz como máscara. Y riendo desacralizan. Y digamos que desacralizando, le quitan trascendencia y lo hacen mundano. Se siente más liviano el ritual desde ese lugar.
Pero al mismo tiempo, siento que el final de la obra no es consecuente con esa voluntad de mostrar el rito, de profanar riendo. Pienso que las payasos se ríen de un modo de ver la poesía en el clown, una visión centrada en la sutileza y la alusión pero que a veces pierde el humor, y la bajan de sus lejanías con hondazos divertidos. Sin embargo, el lugar hacia el que vuelan en el final de la obra, mientras llega el apagón, parece ser el mismo que el burlado. Puede ser que aquí haya una inconsistencia en lo que quieren decir estas artistas, una falta de claridad, o también podría ser que se estén riendo de ese tipo de salidas poéticas en ellas mismas.
Pero al mismo tiempo, siento que el final de la obra no es consecuente con esa voluntad de mostrar el rito, de profanar riendo. Pienso que las payasos se ríen de un modo de ver la poesía en el clown, una visión centrada en la sutileza y la alusión pero que a veces pierde el humor, y la bajan de sus lejanías con hondazos divertidos. Sin embargo, el lugar hacia el que vuelan en el final de la obra, mientras llega el apagón, parece ser el mismo que el burlado. Puede ser que aquí haya una inconsistencia en lo que quieren decir estas artistas, una falta de claridad, o también podría ser que se estén riendo de ese tipo de salidas poéticas en ellas mismas.
... y Felipe se quedó con los globos de helio.
Hay algo especial en el
lugar desde el que se propone el vínculo con el público. Por
momentos parece que no hubiera escenario, de tanta apertura del
juego. Hasta me da la sensación de que laspayasos,
sobre todo en la escena del parto se encargan de colorear la
cuarta pared detrás del público, de hacerla evidente allá lejos y
embellecerla.
El
público aparece como protagonista: en varios momentos cumplimos
roles importantes para que la escena avance. Pero al mismo tiempo,
las actrices no piden que hagamos demasiado por ellas, no exigen, ni
incomodan, laspayasos
hacen su trabajo ahí arriba y nos piden compañía.
Pensando
en esto, se me ocurre que en Cinco Gansas...
hemos visto un traslado de ese vínculo frágil, tímidamente
atrevido y cuidadosamente osado, que acontece en el clown
hospitalario. Las cuatro gansas tienen una trayectoria interesante
como payasas de hospital y trabajan, además, en lo que llaman
“intervenciones extra-cotidianas”. Intervención. Apunto a ver si
emboco: una entrada en un ambiente de vida, que entrevera la
cotidianeidad de lo que acontece allí diariamente de una forma tan
pícara que nos hace sentir en casa, ¿qué pasa? ¿cómo será que
en los hospitales, y también afuera, el payaso logra (o busca y
busca... y a veces logra) ser el que recibe al que ya estaba allí?
¿cómo es que el visitante nos ofrece hospitalidad?
La
verdad que no sé. Pero creo que ahí está la magia. Y siento que el
cuerpo de estas payasas tiene ese oficio de juego impregnado de tal
forma que hemos podido ver algo de aquel lenguaje, traspuesto a la
escena, tan diferente, del teatro.
faa. y con tanta palabra. así de puro collagero nomás digo que ya está. que me encantó ver jugar a estas gurisas y que agradezco responder en este turno del diálogo que las payasos empezaron en el estreno de Cinco Gansas, la función que termino de comentar por acá, ocurrida en el cce el miércoles 17 de agosto. 'ta pronto
...............
* Vaya a saber uno porque ocurren esas coincidencias, pero la pompa es la
---------------------------------
"Cinco Gansas", por Las Payasos
Elenco: Lia Jaluff, Verónica San Vicente, Andrea Domenech, Apa Angeloni
Dirección:
Danna Liberman
Vestuario:
Evana Frid
Diseño
Gráfico: Marisa Domenech
hemos visto: Ícaro
hemos visto Ícaro, de Daniele Finzi Pasca.
y...
no sabemos qué decir
hay nomás unas
ganas grandes
de volar y de darnos
fuerza para
el próximo
intento,
el que viene
ahora siempre.
picareando con lo que digo arriba aparecerán
acá en seráclown
unos hemosvisto,
unas crónicas de experiencia en la butaca y en el aire, en la relación y en la complicidad.
están invitados a publicar sus hevisto en este espacio y ojalá lo hagan,
mandando mail al seraclown@gmail.com
contaremos algo de lo que vimos, de lo que sentimos hace poquito: febrero. 2011. teatro solís.
ahí vamos
ahí
venimos
y...
no sabemos qué decir
hay nomás unas
ganas grandes
de volar y de darnos
fuerza para
el próximo
intento,
el que viene
ahora siempre.
picareando con lo que digo arriba aparecerán
acá en seráclown
unos hemosvisto,
unas crónicas de experiencia en la butaca y en el aire, en la relación y en la complicidad.
están invitados a publicar sus hevisto en este espacio y ojalá lo hagan,
mandando mail al seraclown@gmail.com
contaremos algo de lo que vimos, de lo que sentimos hace poquito: febrero. 2011. teatro solís.
ahí vamos
ahí
venimos
Crónica de un domingo diferente
Aaaaaah, sí.
estamos un poco fuera de ritmo capaz...
las cosas vienen así en este blog parece. hay un tempo particular dictado desde afuera, el que recorre al impulso de este que escribe. el que hace que un tiempo libre sea tiempo seráclown.
toca el gusto sí que toca de presentar un último hemosvistoícaro. llega unos meses después de una función que todavía resuena en montevideo.
El que llega al blog es el Emi. Corto. Amigo payaso montevideano con el que compartimos caminos y que anduvo investigando también en el rumbo del teatro de la caricia, desde el Teatro Azur.
Y es un gusto tener acá está crónica y comentar en el aire un par de cositas antes de dejarlos con ella, aunque si quieren capaz que mejor vuelvan a lo que sigue después de leer el texto.... ¡a su gusto!
Entonces... pa mí que cuando Emi dice "no logro salir de allí o más bien de mí", traduce en esa confusión clarita, un estado de ánimo: del orden del susurro, que llega de una creación escénica que convoca, de la que parece imposible salir in·diferente. Una convocatoria que anima, que da fuerza, que ríe junto a uno y que de repente todos nos escapamos...
...y que al salir aparece como un movimiento que no conseguimos distinguir. que no es tan festivo, con el que no sabemos que hacer, que nos tiene en velo. un movimiento que mueve.
Que está por ahí revoloteando, es seguro (pero "a seguro se lo llevaron preso", dicen en Durazno)... que no termina acá también... que hay que hacerse alas y aguarda con el sol... que es difícil de explicar... porque es otra cosa.
chin chin, Emi.
........
Domingo, llego con amigos al Solís pero por desorganizado tengo que sentarme sólo en el teatro, lejos de mis conocidos. En pocos días me voy a vivir a otro país. Sale Danielle y hace el prólogo, elige luego a su partener para esa noche, una muchacha.
Suben y comienzan.
Desde el momento que el telón muestra la escena y comienza el juego no logro salir de allí o más bien de mí. A través de la obra y lo que va sucediendo voy pasando por distintos estados, lugares, emociones, sensaciones, recuerdos. Definitivamente logro comprender enteramente el con-mover del Teatro de la Caricia que tanto había leído y buscado.
Junto con los personajes y viajo por sus mundos, me pierdo en sus pensamientos y sueños que siento propios, que me tocan.
Termina.
Me siento chiquito. Quiero preguntarle, por qué.
Vuelvo de a poco a ser conciente del entorno
Me quiero ir en silencio y por donde menos me vean. Me encuentro con mis amigos. Vamos a esperarlo. Voy poco convencido. Me quiero ir.
Se movió algo, no logro distinguir.
Pasamos por un bar a comer.
Me voy. En medio de la noche me despierto y lloro un rato. Luego calma. Ganas de buscar, de seguir el vuelo, con cuidado del sol pero seguir.
Hay mucho para descubrir de esto todavía. Esto no terminó por aquí.
Podríamos volver a escribir sobre esto en seis meses a ver qué pasa.
Pasamos por un bar a comer.
Me voy. En medio de la noche me despierto y lloro un rato. Luego calma. Ganas de buscar, de seguir el vuelo, con cuidado del sol pero seguir.
Hay mucho para descubrir de esto todavía. Esto no terminó por aquí.
Podríamos volver a escribir sobre esto en seis meses a ver qué pasa.
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convites,
hemos visto
vértigo
Sí, tengo que ponerme una letra coqueta .
Recibo en el blog a una persona payasa inquieta, con la fragilidad saltando a la vista, desde la flor de la piel .
Viene Dipi, desde ahí nomás, Buenosaires, y nos habla sobre Ícaro y como payasa también sobre nosotros .
y la mirada abriendo dice: bienvenida ...
···o···
Tuve un profesor en la facultad que decía que los proyectoristas de cine tenían prohibido encender las luces de la sala cuando terminaban las proyecciones de dos películas: Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica y La Madre, de Pudovkin. No vi ninguna de las dos películas en cine, está claro, pero si alguna obra en mi vida podría acercarse a esta idea, esa obra es Icaro, de Finzi Pasca.
Cuando terminaron los aplausos y Finzi Pasca salió del escenario, me costó volver a sentir que estaba en un teatro, sentada, rodeada de gente y presenciando una obra. Quise que en ese momento la gente se callara y ya no se debatiera sobre la persona que eligió o si estaba arreglado o no. No importaba todo eso. Estabamos en presencia de la vida, y no había que hablar de nada. Yo tenia que salir del teatro y no hablar, con nadie, sobre nada. Era un momento para sentir.
También pensé que no iba a poder escribir nada sobre esto, que la experiencia de la obra era eso, una experiencia, y con eso, intransferible. Salimos del teatro y nos fuimos caminando, muchas cuadras. Podría haber estado caminando toda la noche, podría haberme vuelto a Buenos Aires caminando.
Hay algo poderoso que se produce en nosotros cuando nos ponemos de frente a los grandes enigmas. Cuando alguien formula lo que es pregunta. Y lo complejo es la caricia, que nunca llega porque si. Como soplar las heridas porque duelen. No cambia nada y a la vez cambia todo. Estamos ahi, todos mirando como dos personas vuelan sin salir del cuarto y por eso podemos decir que hemos visto Icaro. Si. No hemos visto sino sentido. En palabras del propio Danielle, nos duelen músculos que no sabíamos que teníamos. Echamos luz en las sombras, nos cuesta inaugurar sensaciones, nombrarlas, darle vida. No hay mucho más que decir sobre esto.
Si alguna vez se cruzan con la obra, síganla.
Cuando terminaron los aplausos y Finzi Pasca salió del escenario, me costó volver a sentir que estaba en un teatro, sentada, rodeada de gente y presenciando una obra. Quise que en ese momento la gente se callara y ya no se debatiera sobre la persona que eligió o si estaba arreglado o no. No importaba todo eso. Estabamos en presencia de la vida, y no había que hablar de nada. Yo tenia que salir del teatro y no hablar, con nadie, sobre nada. Era un momento para sentir.
También pensé que no iba a poder escribir nada sobre esto, que la experiencia de la obra era eso, una experiencia, y con eso, intransferible. Salimos del teatro y nos fuimos caminando, muchas cuadras. Podría haber estado caminando toda la noche, podría haberme vuelto a Buenos Aires caminando.
Hay algo poderoso que se produce en nosotros cuando nos ponemos de frente a los grandes enigmas. Cuando alguien formula lo que es pregunta. Y lo complejo es la caricia, que nunca llega porque si. Como soplar las heridas porque duelen. No cambia nada y a la vez cambia todo. Estamos ahi, todos mirando como dos personas vuelan sin salir del cuarto y por eso podemos decir que hemos visto Icaro. Si. No hemos visto sino sentido. En palabras del propio Danielle, nos duelen músculos que no sabíamos que teníamos. Echamos luz en las sombras, nos cuesta inaugurar sensaciones, nombrarlas, darle vida. No hay mucho más que decir sobre esto.
Si alguna vez se cruzan con la obra, síganla.
un vuelo. unas historias
el primer día salgo y no sé qué pasa. ni hablar ni abrazar ni nada. el otro día levanto vuelo. me sumerjo en la caída y disfruto. quién sabe qué pasó entre el medio. llueve adentro, claro. se abren puertas. y tengo una palabra para decirme y decirnos: fuerza
ícaro tiene muchas capas. en algunas de ellas no entro, no me abrazan. me quedo en lo primero que se me muestra y no llego al mito. es que hay tanto en lo que se comunica directamente, hacia la piel, hacia… ¿las entrañas?
estuve entre las capas de la relación del maestro Daniele Finzi Pasca con su compañero de vuelo, entre lo que se gestaba desde el escenario hacia nosotros. apreciando el gesto en conmoción, movimientos y tonos sutiles para acariciarnos, de verdad y sin vuelta. llegando siempre al límite de invitarnos sinceramente, sin empujar pero con las alas abiertas y la mirada cómplice.
fuerza y vamos
hoy leo.
estudio.
si quieren nos acompañamos así.
Le llamamos Pseudo-Apolodoro al más antiguo de los escritores que llegan a nosotros para dar palabras sobre aquel vuelo y su caída.
Más adelante un tal Hyginus nos habla, también cortito, de cómo Dédalo y su hijo escaparon del laberinto, en el número 40 de sus Fábulas.
Según parece, entre los antiguos el texto más bello y detallado sobre aquellas plumas juntándose con arte y cera nos llega de parte de Ovidio.
Con ustedes, ahora:
Dédalo e Ícaro
Dédalo entre tanto, por Creta y su largo exilio
lleno de odio, y tocado por el amor de su lugar natal,
encerrado estaba en el piélago. “Aunque tierras”, dice, “y ondas
me oponga, mas el cielo ciertamente se abre; iremos por allá.
Todo que posea, no posee el aire Minos.”
Dijo y su ánimo remite a unas ignotas artes
y la naturaleza innova. Pues pone en orden unas plumas,
por la menor empezadas, a una larga una más breve siguiendo,
de modo que en pendiente que habían crecido pienses: así la rústica fístula
un día paulatinamente surge, con sus dispares avenas.
Luego con lino las de en medio, con ceras aliga las de más abajo,
y así, compuestas en una pequeña curvatura, las dobla
para que a verdaderas aves imite. El niño Ícaro a una
estaba, e ignorando que trataban sus propios peligros,
ora con cara brillante, las que la vagarosa aura había movido,
intentaba apoderarse de esas plumas, ora la flava cera con el pulgar
mullía, y con el juego suyo la admirable obra
de su padre impedía. Después que la mano última a su empresa
impuesto se hubo, su artesano balanceó en sus gemelas alas
su propio cuerpo, y en el aura por él movida quedó suspendido.
Instruye también a su nacido y: “Por la mitad de la senda que corras,
Ícaro”, dice, “te advierto, para que no, si más abatido irás,
la onda grave tus plumas, si más elevado, el fuego las abrase.
Entre lo uno y lo otro vuela, y que no mires el Boyero
o la Ursa te mando, y la empuñada de Orión espada.
Conmigo de guía coge el camino.” Al par los preceptos del volar
le entrega y desconocidas para sus hombros le acomoda las alas.
Entre esta obra y los consejos, su mejillas se mojaron de anciano,
y sus manos paternas le temblaron. Dio unos besos al nacido suyo
que de nuevo no había de repetir, y con sus alas elevado
delante vuela y por su acompañante teme, como la pájara que desde el alto,
a su tierna prole ha empujado a los aires, del nido,
y les exhorta a seguirla e instruye en las dañinas artes.
También mueve él las suyas, y las alas de su nacido se vuelve para mirar.
A ellos alguno, mientras intenta capturar con su trémula caña unos peces,
o un pastor con su cayado, o en su esteva apoyado un arador,
los vio y quedó suspendido, y los que el éter coger podían
creyó que eran dioses. Y ya la junonia Samos
por la izquierda parte –habían sido Delos y Paros abandonadas–,
diestra Lebinto estaba, y fecunda en miel Calimna,
cuando el niño empezó a gozar de una audaz voladura
y abandonó a su guía y por el deseo de cielo arrastrado
más alto hizo su camino: del robador sol la vecindad
mulló–de las plumas sujeción– las perfumadas ceras.
Se habían deshecho esas ceras. Desnudos agita el los brazos,
y de remeros carente, no percibe auras algunas
y su boca, el paterno nombre gritando, azul
la recoge un agua que el nombre saca de él.
Mas el padre infeliz, y no ya padre: “¡Ícaro!”, dijo,
“¡Ícaro!”, dijo, “¿Dónde estás? ¿Por qué región a ti he de buscarte?
¡Ícaro!”, decía. Las plumas divisó en las ondas,
y maldijo sus propias artes, y su cuerpo en un sepulcro
encerró, también tierra por el nombre dicha del sepultado.
(trad. Ana Pérez Vega, http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/metamorfosis--0/html/)
Llega enseguida la presencia de una perdiz que aparece también en la obra de don Peter Brueghel el Viejo, devolviendo el extraño pasado del padre de Ícaro.
Hay un montón de historias cruzándonse con aquella primera, hasta Shakespeare se sumó.
Se trata de un vuelo que siendo, no pudo ser, mismo como se cantaba en Durazno en carnaval hace algunas décadas:
hay cosas que al parecer
parecen ser y no son
y hay otras cosas que son,
siendo no parecen ser.
a elegirlas,
fuerza
de nuevo
pal vuelo
hemos visto: Pasan cosas. Cosas que pasan
No tan conocida como su faceta verídica, las críticas de cine inexistente de Julio César Castro son parte de su legado como poeta del humor excéntrico. Juceca es, arriesgo, uno de los pocos primos de los payasos en la literatura uruguaya.
La mención viene a cuento por dos lados, por el gusto de proponer una cercanía de Juceca con la sensibilidad payasa y ver si será también así para ustedes... y además porque el maestro comenzaba sus críticas de cine con las palabras "hemos visto...".
Pues bien, como ya escribí un hemos visto para Donka, del Teatro Sunil, ahora ya digo que tenemos en será clown una sección "hemos visto" (con su etiqueta y correspondiente vínculo ahí arriba a la derecha del blog), que irá comentando las payasadas que vayamos viendo. Esta sección está abierta para que ustedes manden crónicas-críticas similares.
entonces....
Hemos Visto la obra "Pasan cosas. Cosas que pasan", de Pipilas: las payasas Casandra Casanova y Ameba Kohen, así con apellido y todo, que en el mundo sin nariz roja vienen a ser Victoria Cestau y Milena Santos respectivamente. En la dirección trabajaron Eduardo Montero y Gabriel Salvetto.
viene a ser el primer formato largo de la barra que nos hemos formado con Luis Regalia (hoy conocido como el pelado Luis).
ah, nos divertimos... y también se revolvió la sensibilidad y la cabeza de pensadores de la escena, de estar ahí afuera, comentándola, y se agradece ese movimiento.
La obra hace honor a su nombre. En ella las cosas pasan. No hay una anécdota, al menos no en primer plano, para acompañar el recorrido. Lo primero es la llegada de Ameba siguiendo hilos rojos que la llevarán a entrar en una caja también roja. Cuando Casandra toma la escena, mantiene el ritmo de la música y el juego hasta encontrar a su compañera que, escondida, soltaba burbujas sin cesar, ni dejarse ver.
Lo que sigue es el encuentro, en una sucesión de gags de crecimiento hilados más que nada por lo que va quedando del juego anterior, aunque también por nuevas ocurrencias o problemas de las payasas. Y allí hay una fuerza y una debilidad: la valentía de proponer un juego escénico que se separa del relato pierde intensidad por la insistencia en una fórmula de crecimientos hacia el exceso. Quizás la fórmula no termina de cerrar porque además de ser muchos, los crescendos precisarían más desarrollo. Sucede que las payasas ya están activadas en una intensidad alta y el recorrido hacia su máximo del momento resulta breve. Si el punto es levantar una imagen y ser conducidos hasta verse explotar junto a ella, la cuestión puede pasar por atender a las transiciones entre gags para trabajar climas de bajada que hagan el repecho más intenso y jugoso.
Hay una belleza en la imagen de las cosas que pasan. La fineza en la realización de vestuario y momentos particulares como la tormenta eléctrica o el cambio de luces y sitio antes de la lluvia de pétalos hacen viajar al espectador desde un salto en la butaca a otro en la mirada. Y uno, como siempre, quiere más de eso.
La complicidad del dúo es el fuerte en Pipilas, lo que se anuncia entre ellas, en la obra y afuera. La pregunta que reaparece es ¿qué van a hacer ahora?. En lo que vimos ayer funcionaba más en el lugar del contrapunto que en la alianza sobre el final, pero es posible que esto no sea por la relación de dúo sino por las resoluciones del final mismo. Cada una tiene sus momentos de explosión, curiosamente desde un enojo parecido contra el mundo exterior, que se sustentan firmes sobre la relación de dúo.
Algunas elecciones sobre el final lo dejan a uno con gusto agrio a la salida. El segundo tramo de la obra va sobre el abandono, en principio Ameba siente la soledad de alguien que la deja, presumiblemente un hombre. Y luego eso va hacia la reivindicación, que Cassandra acompaña cantando tangos clásicos.
Recuerdo ahora la opinión de un colega lúcido, Diego Baffi, que viendo el "Cancionero Rojo" de Lila Monti y Darío Levín decía que la flecha de los problemas payasos apunta siempre hacia adentro y no tanto hacia lo mal que está el mundo allá afuera; esos problemas que nos rodean, se pueden ver quizás por espejo, como en Chaplin, pero no tapan la vulnerabilidad del clown.
Las Pipilas, sobre el final, toman una decisión diferente y apuntan la flecha hacia afuera. Invitan a un hombre del público a subir al escenario y juegan el destrato, como revancha del abandono quizás, pero colaborando a ese gusto agrio. Tras ese momento, el destape de vestuario, que anunciaba fragilidad, se cubre de fuerza desafiante y cuesta ver fragilidad en una salida que el público aplaude contradecido y un tanto incómodo. Vale resaltar que no hay recetas sino elecciones estéticas, pero se me cruza la idea de un género y sus límites. Lo bueno es que tras esto uno queda con preguntas:
¿será que el público debe ser tratado con respeto por los payasos?, ¿no estamos acaso para faltar el respeto a las vacas sagradas de la costumbre?, ¿desde cualquier lugar?, ¿cómo emparentar la vulnerabilidad y la actitud desafiante?
uno se pregunta por límites y lo hace agradecido de ver el trabajo de estas compañeras payasas, que ojalá siga rodando en la naciente y cada vez más activa escena local de payasos.
y así cerrando, queriendo abrir, entre límites, unas imágenes de Aristóteles, que hablaba sobre asuntos vecinos. Quizás tratamos, como los arqueros, de dar en el blanco con la mayor justeza posible, sabiendo que el asunto tiene mucho que ver con las fallas. y también, que siempre estamos en un día de viento.
La mención viene a cuento por dos lados, por el gusto de proponer una cercanía de Juceca con la sensibilidad payasa y ver si será también así para ustedes... y además porque el maestro comenzaba sus críticas de cine con las palabras "hemos visto...".
Pues bien, como ya escribí un hemos visto para Donka, del Teatro Sunil, ahora ya digo que tenemos en será clown una sección "hemos visto" (con su etiqueta y correspondiente vínculo ahí arriba a la derecha del blog), que irá comentando las payasadas que vayamos viendo. Esta sección está abierta para que ustedes manden crónicas-críticas similares.
entonces....
Hemos Visto la obra "Pasan cosas. Cosas que pasan", de Pipilas: las payasas Casandra Casanova y Ameba Kohen, así con apellido y todo, que en el mundo sin nariz roja vienen a ser Victoria Cestau y Milena Santos respectivamente. En la dirección trabajaron Eduardo Montero y Gabriel Salvetto.
viene a ser el primer formato largo de la barra que nos hemos formado con Luis Regalia (hoy conocido como el pelado Luis).
y, ¿cómo estuvo?
ah, nos divertimos... y también se revolvió la sensibilidad y la cabeza de pensadores de la escena, de estar ahí afuera, comentándola, y se agradece ese movimiento.
La obra hace honor a su nombre. En ella las cosas pasan. No hay una anécdota, al menos no en primer plano, para acompañar el recorrido. Lo primero es la llegada de Ameba siguiendo hilos rojos que la llevarán a entrar en una caja también roja. Cuando Casandra toma la escena, mantiene el ritmo de la música y el juego hasta encontrar a su compañera que, escondida, soltaba burbujas sin cesar, ni dejarse ver.
Lo que sigue es el encuentro, en una sucesión de gags de crecimiento hilados más que nada por lo que va quedando del juego anterior, aunque también por nuevas ocurrencias o problemas de las payasas. Y allí hay una fuerza y una debilidad: la valentía de proponer un juego escénico que se separa del relato pierde intensidad por la insistencia en una fórmula de crecimientos hacia el exceso. Quizás la fórmula no termina de cerrar porque además de ser muchos, los crescendos precisarían más desarrollo. Sucede que las payasas ya están activadas en una intensidad alta y el recorrido hacia su máximo del momento resulta breve. Si el punto es levantar una imagen y ser conducidos hasta verse explotar junto a ella, la cuestión puede pasar por atender a las transiciones entre gags para trabajar climas de bajada que hagan el repecho más intenso y jugoso.
Hay una belleza en la imagen de las cosas que pasan. La fineza en la realización de vestuario y momentos particulares como la tormenta eléctrica o el cambio de luces y sitio antes de la lluvia de pétalos hacen viajar al espectador desde un salto en la butaca a otro en la mirada. Y uno, como siempre, quiere más de eso.
La complicidad del dúo es el fuerte en Pipilas, lo que se anuncia entre ellas, en la obra y afuera. La pregunta que reaparece es ¿qué van a hacer ahora?. En lo que vimos ayer funcionaba más en el lugar del contrapunto que en la alianza sobre el final, pero es posible que esto no sea por la relación de dúo sino por las resoluciones del final mismo. Cada una tiene sus momentos de explosión, curiosamente desde un enojo parecido contra el mundo exterior, que se sustentan firmes sobre la relación de dúo.
Algunas elecciones sobre el final lo dejan a uno con gusto agrio a la salida. El segundo tramo de la obra va sobre el abandono, en principio Ameba siente la soledad de alguien que la deja, presumiblemente un hombre. Y luego eso va hacia la reivindicación, que Cassandra acompaña cantando tangos clásicos.
Recuerdo ahora la opinión de un colega lúcido, Diego Baffi, que viendo el "Cancionero Rojo" de Lila Monti y Darío Levín decía que la flecha de los problemas payasos apunta siempre hacia adentro y no tanto hacia lo mal que está el mundo allá afuera; esos problemas que nos rodean, se pueden ver quizás por espejo, como en Chaplin, pero no tapan la vulnerabilidad del clown.
Las Pipilas, sobre el final, toman una decisión diferente y apuntan la flecha hacia afuera. Invitan a un hombre del público a subir al escenario y juegan el destrato, como revancha del abandono quizás, pero colaborando a ese gusto agrio. Tras ese momento, el destape de vestuario, que anunciaba fragilidad, se cubre de fuerza desafiante y cuesta ver fragilidad en una salida que el público aplaude contradecido y un tanto incómodo. Vale resaltar que no hay recetas sino elecciones estéticas, pero se me cruza la idea de un género y sus límites. Lo bueno es que tras esto uno queda con preguntas:
¿será que el público debe ser tratado con respeto por los payasos?, ¿no estamos acaso para faltar el respeto a las vacas sagradas de la costumbre?, ¿desde cualquier lugar?, ¿cómo emparentar la vulnerabilidad y la actitud desafiante?
uno se pregunta por límites y lo hace agradecido de ver el trabajo de estas compañeras payasas, que ojalá siga rodando en la naciente y cada vez más activa escena local de payasos.
y así cerrando, queriendo abrir, entre límites, unas imágenes de Aristóteles, que hablaba sobre asuntos vecinos. Quizás tratamos, como los arqueros, de dar en el blanco con la mayor justeza posible, sabiendo que el asunto tiene mucho que ver con las fallas. y también, que siempre estamos en un día de viento.
*** escribí esta entrada a los pocos días de ver el estreno de la obra. releyéndola ayer, sentí las ganas de moldear aristas cortantes o incisivas de la crítica. decidí dejar el texto como estaba, agregando esta nota. la entrada habla sobre una función, en la que por suerte no todo está previsto y en la que, siendo la primera, se prueba el material. con las ganas de seguir viendo pruebas de las pipilas, otros tres asteriscos cierran ahora ***
